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En el grano de maíz conviven
hidratos de carbono, proteínas, grasas, fibra, agua,
minerales, vitaminas y pigmentos. La separación de estas
fracciones, a través del proceso de molienda húmeda,
aumenta el valor nutritivo y económico de las mismas.
El maíz perfectamente limpio se introduce en tanques de
maceración con agua a una temperatura de 49/54º durante
30 a 50 horas, con el agregado de alguna sustancia que
facilite la separación de la fécula y la proteína
insoluble. Después de la maceración, el grano de maíz
hinchado, conteniendo cerca del 45% de agua, se muele
grueso para permitir que a través de un proceso de
flotación posterior, el germen se separe del resto. El
mismo se seca, para ingresar luego en un proceso
tradicional de extracción de aceite.
Después del secado, el germen molido húmedo contiene
entre 2-4% de humedad, con un contenido de aceite del
44-50%. Se somete primero a un proceso de prensado y
luego la torta resultante es extractada con solvente
para recuperar la mayor parte posible del aceite. El
aceite pre-extractado por prensado y el obtenido por
extracción con solvente se combinan en un solo aceite
crudo, produciendo una recuperación del 97 al 99%.
El aceite de maíz crudo contiene componentes
indeseables. Son ácidos grasos libres, fosfolípidos,
mucílagos, carbohidratos, ceras e insolubles. Puede
contener además productos de oxidación, micotoxinas y
residuos de plaguicidas e insecticidas. Estas impurezas
se eliminan mediante el proceso de refinación, cuyo
resultado final es un aceite comestible, estable y de
color claro. |